El Intervalo Oscuro
Entre la Catástrofe del Nodo y la historia humana se abre un vacío que pudo durar milenios, millones de años o ni un solo instante ordinario, porque el tiempo necesario para medirlo aún no existía en forma humana.
El vacío sin duración
El Intervalo Oscuro no es un capítulo perdido en un calendario por lo demás continuo. Es el lugar donde falla el propio calendario. La Catástrofe del Nodo disuelve a los elfos en el mundo, fija a los enanos en la materia, extingue a los dragones como raza viva, fractura la Máquina de Separación y envía a los antiguos dioses más allá de las Tablas. Después, la fuente se niega a precisar cuánto tarda en comenzar la historia humana. Miles de años, millones de años y ningún instante se presentan como descripciones igualmente posibles, porque la duración sin tiempo personal no es lo mismo que los humanos medirán después como historia.
Esto importa para cada ruina de Aurelion. La arqueología puede establecer capas, materiales y legados, pero no puede convertirlos todos con seguridad en fechas ordinarias. Una estructura puede ser inimaginablemente antigua en términos humanos y, sin embargo, pertenecer a una condición ontológica que no tenía ningún observador humano capaz de experimentar su antigüedad. Por eso el viejo mundo no es simplemente «el pasado remoto». Es un régimen distinto del tiempo cuyos restos han sido arrastrados a otro posterior.
El Intervalo también protege al mundo de una genealogía falsa. Los humanos no se presentan como una civilización claramente descendiente de elfos o enanos. Surgen después de la ruptura, cuando la multiplicidad de conciencias vuelve contable el tiempo. Las primeras culturas humanas excavan la antigua armonía, la estructura y el poder de los dragones como ruinas, no como herencias. La propia incertidumbre del Intervalo es, por tanto, prueba de discontinuidad: algo cambió tan profundamente que incluso expresar la sucesión se volvió difícil.
Para los cronistas, esto crea una tentación permanente. Los sacerdotes comprimen el Intervalo en una noche sagrada; los filósofos naturales lo expanden hasta convertirlo en edades geológicas; los místicos lo llaman una respiración contenida del mundo. Todas son metáforas impuestas a posteriori. La afirmación canónica es más dura y extraña: ese lapso es imposible de fechar por principio. La historia solo comienza cuando existen seres para quienes el tiempo puede transcurrir de manera lo bastante personal como para contarse.