Druidismo
El Druidismo recuerda la muerte como transformación, el paisaje como Memoria colectiva y la magia como arqueología. Sus órdenes desaparecidas quizá comprendieron antes que nadie la llegada de la era dorada; después abandonaron Velmir rumbo a una niebla que ninguna crónica sabe localizar con certeza.
La fe que se convirtió en paisaje
El Druidismo es más antiguo que la mayoría de las instituciones humanas supervivientes y trata la naturaleza menos como un conjunto de objetos que como un ciclo capaz de recordar. Su doctrina afirma que la muerte no es final, sino transformación en árbol; el sol y la luna marcan los ritmos mediante los que la existencia cambia de forma en vez de desaparecer. La fuente lo resume después como una religión que conserva la Memoria colectiva del continente. Políticamente, esto vuelve al Druidismo peligroso para todo sistema que necesite sustituir el pasado por una historia oficial más limpia.
La Primera Era Humana asigna a los druidas un papel aún más extraño. Eran arqueólogos del viejo mundo. No afirmaban inventar magia de la nada: excavaban la Armonía élfica, la Estructura enana y el poder dracónico, y después pasaban esas energías antiguas por la nueva capacidad humana de ejercer la Voluntad libre. En otras palabras, el Druidismo temprano se situaba en la bisagra entre cosmologías muertas y magia humana. Una arboleda no era solo un templo. Podía ser un lugar de investigación, un archivo, un instrumento y un testigo vivo de reglas anteriores a una historia humana que pudiera contarse.
Después los druidas desaparecieron. Una fuente dice que fueron los primeros en comprender que la humanidad elegiría el oro y que se adentraron «en la niebla», quizá literalmente y quizá de manera simbólica. Un resumen histórico posterior es más prudente: los druidas abandonaron Velmir repentinamente, sus arboledas se convirtieron en ruinas oraculares llenas de voces resonantes y la razón del éxodo sigue siendo desconocida. El Códice debe conservar ambas capas. La advertencia sobre el oro puede ser cierta, una interpretación posterior o el sentido atribuido a una desaparición cuya explicación original se perdió.
Lo que queda es una fe relegada a los bosques, pero no obsoleta. La Espesura Antigua, los territorios de los hombres bestia y las arboledas en ruinas conservan la idea de que la propia naturaleza puede portar Memoria durante más tiempo que cortes o archivos. La Magia Druídica sigue siendo más fuerte donde un bioma vivo puede participar en el trabajo, pero la religión es más amplia que esa escuela: es una ética de continuidad, transformación y escucha. La fuente sugiere expresamente que el Druidismo podría regresar como contrapeso del culto de las Hadas porque su autoridad procede del contacto directo con el tejido de la naturaleza, no del oro, el teatro o el Nodo. La desaparición de su sacerdocio quizá sea, por tanto, menos un final que el acto más druídico imaginable: abandonar la institución para que el paisaje pueda seguir hablando.