Las cinco eras humanas
La historia humana de Aurelion solo comienza cuando el tiempo se vuelve contable. Sus cinco eras no son simples dinastías, sino respuestas sucesivas a la libertad, la magia, el oro, la represión y la posibilidad de reescribir el mundo.
La historia comienza con la elección
Aurelion no sitúa la historia humana inmediatamente después de los dioses, como si un calendario simplemente siguiera a otro. Antes de la humanidad, el tiempo pertenece a estados míticos: Armonía, Estructura y la fractura dionisíaca. Tras la Catástrofe del Nodo se extiende el Intervalo Oscuro, imposible de fechar en términos ordinarios. Solo con la multiplicidad de conciencias humanas el tiempo se convierte en algo que puede contarse de un reinado, desastre o generación al siguiente. Ese cambio es el verdadero comienzo de la crónica humana.
La Primera Era, recordada por los Señores Grises y los Druidas Verdes, pertenece a un mundo todavía cercano a los restos de los antiguos órdenes. Los humanos son nuevos, el tiempo personal es inestable y las primeras formas de no muerte o de evasión del tiempo aparecen junto a los intentos de desenterrar la armonía élfica, la estructura enana y el poder de los dragones. Los druidas son menos inventores de magia que arqueólogos de ella. Su partida hacia la niebla cierra una edad en la que las ruinas todavía parecían interpretables.
La Segunda Era, la de los Reyes Rojos, amplía el mapa y el apetito del poder humano. Los pueblos encuentran a seres no humanos, surgen culturas de la tormenta y nuevas escuelas de magia, y los magos tiranos utilizan el Nodo de Separación para experimentar con almas y conciencias trasplantadas. La era termina con la Noche Roja: una masacre, archivos destruidos y una herida histórica tan grande que las autoridades posteriores no consiguen ponerse de acuerdo sobre lo borrado. La Tercera Era responde a la libertad de una manera más sutil. La magia se vuelve omnipresente, pero el Orden Dorado empieza a reducir la elección traduciendo la vida en valor. Los goblins, los hombres rata y los espíritus Separados pertenecen a este sobrecalentamiento de la magia y el apetito; la propia Máquina vuelve a ponerse en movimiento.
La Cuarta Era, la de los Reyes Blancos, es una reacción contra esa saturación. La Llama Blanca, la antimagia y la disciplina política intentan detener el proceso, pero la magia ya está entretejida con la realidad. Aparecen los vampiros, se estabilizan las formas de no muerte y Gildglade sobrevive oculta mientras desaparece su antigua nobleza. La Quinta Era —el Giro— no tiene una frontera clara porque está ocurriendo mientras se escribe el registro. La Máquina está activa, la Reina de las Hadas regresa de forma incompleta, el Señor Oscuro existe como su contraforma y el mundo alcanza el primer momento en que la historia quizá no se limite a continuar. Puede ser editada.