Tríada Primordial
Apolo, Cibeles y Dioniso no son una familia divina. Son tres respuestas incompatibles al no ser —Armonía, Estructura y libertad—, y cada respuesta crea el fracaso que la siguiente deberá heredar.
Tres respuestas a la Nada
La cosmología más antigua de Aurelion no presenta a un único creador entronizado sobre el mundo. Comienza con la Gran Nada y tres fórmulas para resistirla. Los dioses se parecen menos a personalidades soberanas que a principios de funcionamiento convertidos en figuras míticas por las religiones posteriores. Sus pueblos son prolongaciones de esos principios: no simples adoradores, sino instrumentos con los que una respuesta divina se puso a prueba en la realidad.
Apolo es la respuesta de la Armonía, la forma y la ley. Los elfos se describen como su pensamiento puesto en acción: una red capaz de gobernar ríos, bosques, montañas y fuerzas elementales porque no se situaban fuera de la naturaleza como meros usuarios. Su perfección fue también su debilidad. Donde no existe una alternativa significativa, no hay Voluntad. La Armonía redujo el desorden de forma tan completa que el mundo respondió con la Furor de la Naturaleza; la red se volvió autosuficiente y la civilización que había dominado el entorno se disolvió en él.
Cibeles es la respuesta de la Estructura. La Gran Araña no persuade al caos para que se vuelva armonioso: le da materia, límites, fórmulas y maquinaria. Las ciudades enanas se convirtieron en talleres tan grandes como países y la identidad enana se hizo inseparable de las herramientas, las ecuaciones y la función. Su catástrofe fue la versión mecánica de la élfica. Los sistemas construidos para preservar la forma sobrevivieron a sus creadores, hasta que estos quedaron fijados en la misma maquinaria destinada a defenderlos.
Dioniso introduce el principio que ninguna de las respuestas anteriores podía contener sin peligro: el Tiempo personal. Es pasión, multiplicidad y capacidad de elegir de otro modo. Por eso, los humanos son más débiles, ruidosos e inestables que los elfos o los enanos, pero constituyen el primer pueblo cuya Función no es necesariamente su destino. Esa libertad hace posible el Alma. También hace posible la codicia, y de la codicia nace la herejía dorada que transforma la sangre en metal. La Tríada no es, por tanto, una escala de dioses cada vez mejores. Son tres experimentos cada vez más peligrosos sobre cómo podría la existencia rechazar la Gran Nada.