El Hada vendió la inmortalidad a la nobleza — y el trato funcionó de forma demasiado literal
La antigua aristocracia de Gildglade pagó a la Reina de las Hadas una fortuna inmensa por el derecho a no desaparecer después de la muerte. El trato no era una mentira, sino una trampa de cumplimiento exacto: sobrevivieron los títulos, las propiedades, los sellos y rastros de identidad, pero no quedó una autoridad realmente viva. La historia empieza con una ciudad que compró la inmortalidad — y recibió una catástrofe política.
Reina de las Hadas ↗


















